Si bien hace años que no la escucho, creo que la frase “Apocalípticos e Integrados” era una caracterización que hizo Umberto Eco de la diferencia entre quienes abrazaban las culturas populares y nuevas tecnologías (en ese momento, principalmente la TV), vs aquellos que veían dicho progreso como algo negativo para la sociedad. Ahora, casualmente, me encuentro con dos autores super interesantes, que parecieran reeditar un debate que ya creíamos superado.

El papel apocalíptico lo ha plasmado The Shallows, un libro de Nicholas Carr que salió publicado hace pocos días en los Estados Unidos, y sugiere que el uso de Internet y el hecho de estar siempre conectados está cambiando el cerebro de la gente. Cambiándolo para mal, de una forma que le impide absorber conocimiento.

Carr, un autor siempre polémico, dice que el cerebro humano está programado para evolucionar en base a los estímulos que recibe, y que el estado de siempre conectado está haciendo que perdamos la capacidad de concentrarnos y de pensar profundamente sobre un tema en particular.

Los libros, la tecnología que hasta ahora había sentado el patrón de consumo del conocimiento, ayudaban a enfocar la atención. En cambio la web “permite el consumo distraído de pequeños trozos de información provenientes de diferentes fuentes”, según Carr.

Casi al mismo tiempo que la publicación del libro, el Wall Street Journal publicó una nota de Clay Shirky titulada “La web nos hace más inteligentes?”, que plantea que estamos en camino a una nueva cultura de la lectura y la escritura, en donde podremos aprovechar mucho mejor nuestro excedente cognitivo (cognitive surplus) generando valor para la sociedad.

Shirky define el excedente cognitivo como la capacidad de la población mundial de ser voluntario, contribuir y colaborar en grandes proyectos, a veces globales. El excedente cognitivo se compone de dos cosas: el tiempo y talento libre del mundo. Ambas cosas se potencian gracias a la conectividad y el acceso a tecnología de forma masiva.

Shirky asegura que siempre los períodos de transición han sido traumáticos. Cuando se inventó la imprenta, lo primero que afloró con ella fueron libros de dudosa calidad, que escandalizaron a los intelectuales del momento. “En la historia de la imprenta, tuvimos novelas eróticas 100 años antes de tener publicaciones científicas”.

Como ejemplo cita a Edgar Allan Poe, que manifestó:

“The enormous multiplication of books in every branch of knowledge is one of the greatest evils of this age; since it presents one of the most serious obstacles to the acquisition of correct information.”

De acuerdo con su visión, la gente no era adicta a la TV porque le gustara. Éramos adictos a la TV porque esa era la única oportunidad que teníamos para hacer con el excedente de horas que nos daba la sociedad posindustrial.

Solamente en Estados Unidos se pasan nada menos que 200.000 millones de horas frente a la TV cada año. Eso representaría alrededor de 2.000 Wikipedias enteras de tiempo libre cada año. Eso, claro, asumiendo que la gente podría convertirse en una máquina de generar contenido sin necesidad de desconectarse a consumir ese conocimiento en ningún momento.

En este video de TED, Shirky desarrolla un poco más el tema tomando como ejemplo un caso de genuina colaboración global.

Evidentemente, Shirky tiene puntos interesantes, pero seamos honestos, seguramente casi nadie llegue a leer hasta acá. Esto es un blog y la gente consume información en Internet de a pedacitos, como bien dice Carr.

Bueno o malo, depende de quién lo mire

Rescato de Carr que efectivamente se debe estar generando un cambio (aunque no creo que sea malo) en la forma de procesar la información de nuestros cerebros. Posiblemente hoy nuestra generación esté pagando caro el precio de dicho cambio, con una pérdida de la atención y de la capacidad de aprendizaje. Supongo que en los próximos años nos adecuaremos a este cambio para poder tomar lo mejor que ofrece, y minimizar los problemas que puede generar.

Es cierto que el hecho de estar todo el tiempo saltando de un estímulo al otro nos hace permanecer en la zona que los neurólogos denominan memoria de trabajo, que es una memoria de corta duración que no siempre se almacena. Una memoria que prácticamente no genera conocimiento en el sentido que lo entendemos hasta ahora.

Sin embargo, también es verdad que hoy estamos en presencia de fenómenos que hace pocos años hubieran sido inconcebibles, como la Wikipedia y tantos otros ejemplos similares. Esos casos son una prueba clara y tangible del beneficio real de generar conocimiento estando conectados.

Shirky pone sobre la mesa evidencia irrefutable de cuánto más útil puede ser el tiempo de una persona gracias a grupos de gente y tecnología que ayudan a aglomerar pequeñas acciones individuales en una gran masa de conocimiento que todos pueden aprovechar.

Yo soy optimista con lo que la tecnología y la conectividad está haciendo posible. Pero creo que vamos a tener que pensar cada vez más en este tipo de cosas, para que no sea la forma de conectarnos la que nos defina a nosotros.

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